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El robot emocionado

El robot emocionado

Agustín Moreno

Publicado en el periódico digital Ymalaga.com  1/9/09 http://www.ymalaga.com

Ayer, mientras navegaba por Internet, encontré esta curiosa noticia: “Kobian, el robot humanoide que expresa emociones”. Al parecer, el ingenioso aparato es capaz de expresar con su cuerpo de metal siete emociones diferentes, entre ellas alegría, enojo, tristeza, felicidad y confusión. Los creadores de Kobian consideran que “la capacidad de mostrar emociones ayudará a los robots a interactuar con los seres humanos e integrarse en la sociedad con mayor facilidad”. Parece como si cada día estuviéramos más cerca del “Yo Robot” de Asimov o el mundo del androide de Blade Runner. Pero fuera de la anécdota, ¿para qué nos sirven las emociones a los seres humanos de carne y hueso?
Según los neuropsicólogos, el papel fundamental de las emociones es proporcionarnos de manera inmediata información relevante sobre nuestro bienestar. Gracias al miedo sabemos que estamos en peligro, la tristeza nos informa de que hemos perdido algo importante y la alegría de que hemos conseguido una meta. De esta manera sabemos en cada momento y de una manera casi instintiva si estamos satisfaciendo o frustrando nuestras metas o necesidades. Al permitirnos comprender rápidamente los patrones del entorno, las emociones guían nuestros razonamientos, limitando las opciones que consideramos y evitando que nos sintamos abrumados.
Durante mucho tiempo la cultura occidental miró con desconfianza la emoción, primando por el contrario al intelecto; las emociones y su expresión eran algo inconveniente y que no se deberían dejar traslucir de ninguna manera al exterior, de esta manera la mayoría de las personas se han sentido inseguras ante cómo afrontar su emotividad. Hoy, afortunadamente, sabemos mucho más, tanto sobre los procesos emocionales en sí mismos como de cómo conseguir una vida emocional satisfactoria. Dos descubrimientos han sido fundamentales para que se haya efectuado este cambio de paradigma. El primero es que la emoción se ha revelado como un proceso cerebral muy diferente del pensamiento y con su propia base neuroquímica y fisiológica. Las personas con daño cerebral que han perdido su capacidad de responder emocionalmente no son capaces de tomar decisiones por sí mismas ni de resolver problemas; es como si hubiesen perdido la guía interna que rige estos procesos.
El segundo concluye que la otra función fundamental de nuestra vida emocional es servir de vía de comunicación de nuestros estados internos y nuestros deseos ante los demás. En nuestras interacciones personales la comunicación emocional no verbal transmite mucha más información sobre nuestro verdadero estado interno que el contenido de nuestras palabras. Esto es tanto más cierto cuanto más íntima es la relación con la otra persona, pensemos, por ejemplo, en todo lo que nos comunica instantáneamente la cara de un bebe acostado en su cuna: irritación, calma, felicidad o enfado son transmitidos mediante su expresión facial y reconocidos fácilmente por cualquiera de nosotros. Las personas con escasa habilidad para leer las señales emocionales suelen tener serias dificultades a la hora de mantener relaciones interpersonales, no es extraño pues que los creadores del robot Kobian hayan pensado en dotarle de cierta capacidad de expresión emocional a la hora de interactuar con la especie humana.


Para saber más: Emociones: una guía interna. Leslie Greenberb. Descleé de Brouwer (DDB). Bilbao. 2000


 

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Tandem Innova
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