Sguenos en Facebook Sguenos en Youtube Sguenos en Twitter Sguenos en Instagram

Mis conejitos

Jesús Sánchez Izquierdo.

Doctor en Ciencias Físicas

Agosto 2013

 

A mis nietos, Beatriz y Pablo,

Nico, Adrián y Alex, motivadores

de esta aventura conejal.

A mi etérea Musa, siempre inspiradora

de mis líneas

        Vinieron mis nietos al pueblo.

        ¡Qué alegría, qué frescor, y qué vacío cuando se fueron!

        Habían visto una granja familiar de conejos y les gustó. Me faltó tiempo para ir con ellos a una tienda cercana a Barco de Ávila. Allí los vieron en jaulas con caras tristes, como los niños de un hospicio, esperando que alguien les liberase, les adoptase.

        Decidimos comprar tres: dos hembras y un macho.

        Metidos en una caja de cartón con agujeros nos los trajimos, y los soltamos en un pequeño local de quince metros cuadrados que antes había sido gallinero.

        Ampliamos su espacio cercando una zona exterior, más del doble de la inicial, con una valla metálica.

        Dentro tenían agua y pienso. Fuera, alfalfa y campo para corretear. Parecían felices.

        Aquello debía ser un paraíso, pensaba yo, frente a su vida en la inhóspita jaula de la tienda.

        Les íbamos a ver todos los días y ya nos conocían y se dejaban acariciar.

        En pocas fechas se fueron mis nietos, y nos dejaron tristes, esperando su retorno. Prometí cuidar de los conejos, para que criaran conejitos y cuando volvieran, en unas semanas, o tal vez en un año, hubiera muchos más.

        Así, bajaba todas las mañanas a verles y llevarles sus golosinas: alfalfa, hojas de col y de lechuga.

        Pero ayer, la sorpresa fue la mía. No los veo fuera. Entro en el conejal. Tampoco están. Rodeo la valla y veo su hazaña: habían excavado un agujero por debajo de la valla metálica y se habían escapado. Como los presos en las cárceles.

        Me resigné a su pérdida y a su desagradecimiento. Pero al atardecer y ante mi asombro les veo aparecer frente a mi casa. Corren, y saltan sin dejar que me acerque. Pero están felices.

        No se donde duermen. Anoche, pasadas las 12, estaba yo disfrutando de la paz y el frescor de una noche de luna llena y veo pasar una de las conejas hacia la zona de su caseta inicial. A los pocos minutos pasa la otra.

        ¿ De donde vendrían, las pindongas? ¡A esas horas!

        El macho no apareció. ¿Fue mas prudente y se recogió antes?

        Ellos no saben el riesgo que corre su vida, pues los depredadores salvajes, clásicos (zorros, jinetas) merodean por aquí y cualquier noche se los zampan.

        Pero quizás alguien les ha contado el consejo de D. Quijote a Sancho

        "La libertad, amigo Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida."

        O quizá se lo saben de siempre pues es ley de vida, para los hombres, para los pájaros y también para los conejos.

        La libertad amigos míos…



 

Otros datos
Desarrollado:
Tandem Innova
www.tandeminnova.es