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La madre triste

Aún recuerdo vivamente aquella madre triste que apareció por la consulta algunos meses después del nacimiento de su primera hija. Me acuerdo, sobre todo, por la profunda impresión de desvalimiento, entre angustiado y desesperado, que me trasmitió su cara nada más verla entrar en el despacho, y que me hizo pensar automáticamente, sin haber intercambiado siquiera una palabra con ella, que estaba profundamente deprimida.

Una expresión a la que a lo largo de mi vida profesional me acostumbré a asociar con aquellas mujeres que, después de haber dado a luz, padecen una depresión postparto. Y es que, tanto a ellas como a su entorno, les resulta difícil entender que ese bebé tan deseado termine convirtiéndose en fuente de temor, angustia y tristeza.

Es habitual que aproximadamente la mitad de las nuevas madres sufran una bajada en su estado de ánimo en los días posteriores al alumbramiento, el famoso 'Baby Blues', que suele producir: irritabilidad, tristeza, cansancio, sensación de soledad y ganas de llorar; en la mayoría de los casos este estado de postración anímica termina desapareciendo con el trascurso de los días. Pero en otros casos no es así.

A pesar de la alegría natural que normalmente produce el hecho de convertirse en madre, una de cada siete mujeres sufre una depresión durante el año siguiente al parto que, si no es tratada adecuadamente, puede durar semanas, meses o incluso años.

La depresión postparto puede afectar a mujeres tanto si han tenido embarazos fáciles como problemáticos, madres primerizas o que hayan tenido previamente hijos y su posible padecimiento es independiente de la edad, raza, etnia, cultura, nivel de educación o estado civil.

Aunque los síntomas pueden variar en cada caso particular, las mujeres que la padecen comparten la sensación de fracasar como madres y no haber alcanzado la madurez suficiente para asumir esta responsabilidad. Son madres que no disfrutan con su hijo y se culpabilizan por ello, pesimistas e irritables, suelen padecer trastornos del sueño y de la concentración. A la vez, están tan obsesionadas con el recién nacido que no pueden pensar en otra cosa y, temerosas de poder terminar haciendo daño al bebé o en casos extremos a ellas mismas, terminan haciendo de su vida diaria un verdadero infierno, que con el paso del tiempo acaba poniendo al límite sus capacidades físicas y mentales.

Suele relacionarse el inicio de la depresión postparto con los importantes cambios hormonales que se producen tras el alumbramiento: descenso rápido de los niveles de estrógenos y de progesterona a sus valores normales, secreción abundante de prolactina, la hormona que estimula la producción de leche. Pero este hecho no está probado ya que tales oscilaciones hormonales no suelen ser mayores en las madres deprimidas que en las sanas. Cada vez más se piensa que el desencadenamiento de este tipo de depresión es producto de la combinación de factores biológicos, psíquicos y sociales, siendo uno de estos riesgos el haber padecido de depresión o problemas graves de ansiedad en etapas anteriores de la vida.

La buena noticia es que la depresión posparto puede tratarse e incluso prevenirse con un adecuado seguimiento durante el embarazo de las mujeres que presentan algún factor de riesgo conocido. Por eso son de extrema importancia su detección y tratamiento tempranos para lo que es conveniente poner en antecedentes a su ginecólogo o médico de atención primaria si durante el embarazo, o en los meses posteriores al alumbramiento, se presentan síntomas como: perder interés por las cosas que le gustaban antes, comer mucho más o mucho menos de lo normal, cambios frecuentes de estado de ánimo, tristeza persistente, problemas de sueño y concentración, estar obsesionada por el hecho de no ser una buena madre, tener miedo de estar sola con el bebé o de llegar a hacerle daño o tener miedo de hacerse daño a sí misma.

Agustín Moreno

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