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Salamanca, eterna Salamanca

Jesús Sánchez Izquierdo. Doctor en Física

Hacia muchos meses que no iba a Salamanca y lo echaba de menos.
Hoy he pasado por allí camino del pueblo.. Una estancia muy corta de pocas horas, pero que me ha quitado el “mono”. Tenia una excusa, banal excusa de buscar libros de “Modismos Salmantinos”. Y así al ir pueblo lo hice vía Salamanca y di esa vuelta de 70
Km mas en vez de atajar por Piedrahita.

Llegue a las 10 y he deambulado casi cuatro horas. El viaje desde Madrid es rápido y cómodo. Todo el rato se viene por autovía, y son dos horas escasas de viaje.

Entré por el puente que llamaban, en mi infancia Puente Nuevo, y nada mas cruzarlo empezaron a agolparse mis recuerdos. Desde él tirábamos adoquines al río helado (candado, decíamos) por tan gruesa capa de hielo que no de rompía a pesar del fuerte impacto.

Y al final del puente, a la derecha, frente a la gasolinera. estaba el medieval fielato. En él había que pagar el canon de entrada de cualquier producto. gallinas, conejos, miel, embutidos y todas los clásicos productos y en Navidad pavos... eran investigados por los probos funcionario. Realmente como en la edad Media.

Y allí paraban los carros y los renqueantes autobuses que llegaban de los pueblos, con la baca cargada de maletas que el fielatero (o consumero, que así también se llamaba) se subía a investigar.

Estaba también atento a los peatones sospechosos de llevar escondida una gallina .

La penuria de la época aguzaba el ingenio y la picaresca, tan al uso en la ciudad del Lazarillo, ayudaba.

Hay unos cuantos lugares que son para mi nostalgia, obligados a visitar. Así he buscado hoy el Puesto de la señora Kika y creo haberlo encontrado. Ponía “Huevos y Caza” y detrás del mostrador una señora joven. No me he atrevido a preguntarte nada, Hice como si mirara sus productos y fue ella quien me preguntó:

-¿Puedo servirle algo, señor?

Me corté, sin saber que responder. No entendería, si le digo que me han llevado allí mis recuerdos, que no quería nada, solo recordar 60 o 70 años atrás . Le hubiera parecido un loco rescatado en un túnel del tiempo, fuera de su época.

Pude balbucear:

-Nada, nada, muchas gracias, solo curioseaba.

Y me alejé. ¿Y si fuera su nieta? O quizás su biznieta... Volveré otro día con mas arrestos y me atreveré a preguntar.

-Señora , este Puesto pertenecía a la Sra. Kika. ¿ le suena a Ud. algo ese nombre?

Os contaré el resultado. Crucé la majestuosa Plaza Mayor por la que siempre paso, vaya donde vaya y lentamente caminé por la redundante Calle de la Rua hasta la Catedral Nueva. Y allí, el rito de siempre...

Me siento en una de las gruesas cadenas que unen los cortos pilares que rodean el grandioso templo, y ¡ me columpio!. con la imaginación.

Un balanceo suave mientras sueño. La gente me mira pero me es igual Nadie me dice nada ni me pregunta. Algunos simplemente sonríen.

Desde mi incomodo asiento veo el grabado que siempre me acerco a leer, releer y volver a leer. Y allí está, en palabras de Cervantes, la razón de mi viaje pues siento ese hechizo que en boca del

Licenciado Vidriera pone el genio:

Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda ha gustado.

La fama de la docta Salamanca está en todas partes y se aprende leyendo, aun en las paredes. Así, al lado del anterior reparé en otra placa mas reciente que recuerda la visita de SS. MM. y mandatarios Ibero Americanos a Salamanca en octubre de 2005.

También de Cervantes, que pone en boca de Don Quijote su magistral consejo a Sancho.

“La libertad, Sancho, es uno de los mas preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.”

Pienso que muchos de los Jefes de Estado y de Gobierno que descubrieron la placa, según en ella reza, debían pasarse por allí de vez en cuando y leer y asumir el sabio consejo.

Sigo adelante hasta la plaza que llamábamos Plaza del Obispo, por estar situado en ella el Palacio Episcopal, su residencia ( hoy Plaza de Juan XXIII).

A la izquierda del Palacio, mirando al frente, hay varias casonas, con escudos heráldicos. En una de ellas estaba una residencia de estudiantes de mi colegio en la que pasé yo unos meses, pues mi padre, fue destinado a Barcelona y me dejaron allí hasta que acabó el curso, en que me uní a la familia en la Ciudad Condal.

Bajo lentamente hasta toparme con el Puente Romano y me imagino a las Legiones del Cesar llegando cansadas a Elmantica.

Muchos años mas tarde El Lazarillo también corría por allí tratando de engañar al ciego. ¡Tanta historia pasó por aquí...!

No solo mis pobres anécdotas, sino la Historia de España y la del mundo con Colon buscando apoyo ( Capitel de Riesgo, diríamos hoy) en el prestigio de la Universidad, para su quimérica aventura.

Subo por la Calle San Pablo y avisto a la derecha Los Dominicos y recuerdo “el tercer arco del claustro exterior...” en una anécdota reciente que me sucedió cuando acompañaba a conocer Salamanca a nuestro amigo Mario Mariscotti orgulloso él de su Patria Argentina, pero escorado , por su ascendencia italiana, a la latinidad de la epopeya Hispana..

Llegamos a Los Dominicos, sudorosos ya por nuestro paseo y nos sentamos a descansar a la sombra del “ tercer arco del claustro exterior...” y allí Mario leía en una guía turística, sobre la estancia de Cristóbal Colon en Salamanca y sus idas y venidas desde la Universidad a los Dominicos donde le daban “ aposento y comida” .

“En una de estas , leía Mario, se sentó Colón, con su amigo y mentor Fray Diego de Deza a la sombra del tercer arco del claustro exterior”

Mario, dio un salto, miró a los lados, gesticuló incrédulo, volvió a mirar y ratificó su asombro exclamando... “¡la pucha ¡, “ Pero si fue aquí”. “ ¡Desde ahora diré Hispano América y no Latino América ¡

Pudo leer en una placa en el claustro de la Universidad “Aquí estudió el General Belgrano creador de la bandera de la Patria Argentina,” ante la cual se hubiera puesto firme cualquier argentino.

Pero el broche de oro lo puso nuestra visita al Palacio de Monterrey. Allí en la Iglesia de las Agustinas Recoletas pudimos admirar y postrarnos ante La Inmaculada representada en el cuadro original de José de Ribera situado en el Retablo Mayor del templo.

Sigo, Calle de San Pablo arriba, no sin antes echar una mirada a la ancha escalera de unos 20 pasos por la que se accede al , hoy, Hotel Palacio de Castellanos. Será en otro relato de mis recuerdos en que os refiera mas cosas que me pasaron, y que pasaron allí.

Un poco mas arriba, ya en la plaza de Colon miré la puerta del que fue mi primer colegio de adolescente , el Ateneo Salmantino. donde empecé el bachillerato. Era un colegio “ de pago”, en el que mis padres buscaban el camino de mi superación.

Recuerdo algunos profesores, y en particular al profesor de historia, D. Alberto, del que se decía, que era hijo de Alfonso XIII. Su parecido y sus anécdotas parecían corroborarlo. Y Don Santos, el director y dueño, y D. Manuel Grande, cura por la mañana y ganadero por la tarde. Tengo tema para otras líneas de nostalgia que os contaré. Acabé cruzando de nuevo la Plaza Mayor y recogiendo el coche estacionado en la Plaza de la Fuente y en menos de una hora estaba en El Tejado, pueblo de mis amores y desamores.

Eran las tres, buena hora para un corto refrigerio y una larga siesta que me repondría del cansancio y de tantas emociones.
 

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