Sguenos en Facebook Sguenos en Youtube Sguenos en Twitter Sguenos en Instagram

Mingote y la medicina



Ángel Rodríguez Cabezas
Doctor en Medicina y Cirugía

Entre mis tesoros bibliográficos conservo un excelente librito titulado “Historia de la Medicina”, firmado por Mingote y editado en 1964. En el prólogo el excelente humanista, Prof. Laín Entralgo, le adjudica la califica-ción de sobresaliente en la asignatura que impartía en la Facultad de Medi-cina y, a más abundamiento, concluye afirmando que “pocos sobresalientes he dado en mi vida académica con tanta justicia y tanta complacencia”. Este libro está, ciertamente, en el recuerdo de los viejos médicos, y lo está con añoranza. Desde la medicina primitiva a la medicina virtual del futuro están representadas todas las facetas del quehacer médico a través de la historia. Busquen el librito los médicos jóvenes, y entre sonrisa y carcajada –mingoterapia– aprenderán cómo los médicos de Egipto inventaron la lavativa, o cómo los asirios suplen la falta de médicos o cómo Leeuwenhoek, el inventor del microscopio, se llevó un tremendo susto al observar “la cantidad de bichos que contenía su sarro”. En fin la medicina de siglos, con sus aforismos, métodos curativos aberrantes, epidemias de todo tipo, el resurgir de las universidades y de los anatomistas con la instauración de la primera autopsia, hasta el trasiego bacteriano de Pasteur y de Koch en sus laboratorios, o los bellos dibujos neuronales de Santiago Ramón y Cajal. La historia de la medicina pasó por Mingote, que la mimó con mucho cariño y no menos humor.

       Hace unos años el Colegio de Médicos de Málaga organizó una exposición de sus originales. En la inauguración recordé lo que de él dijo el Prof. Laín y que vuelvo a utilizar ahora, cuando el maestro de humoristas se despide: "Mingote cuenta con la amistad de todos los médicos porque, desde la altura fascinante de la medicina actual, ha sabido tratar la universal aventura del saber y del quehacer del médico con estudio, humor y amor”.

       Pienso que Mingote ha pasado generosa y rumbosamente por la vida, sin jubilarse, coleccionando mocedades vigorosas y afables, de tal manera que rebasada la niñez turolense, la adolescencia, donde descubre sus “primeras lecturas deslumbradoras” y a los primeros dibujantes y humoristas –Ramón, Juan Ramón y don Ramón–, y cumplida la época castrense en la Guerra Civil, se dedicó luego como actividad principal a dibujar en los periódicos, subrayando en sus viñetas lo que de la vida merece ser resaltado y ocultando dulcemente sus aspectos más desgarradores.
 


Mingote y los médicos

       No desvelaré a estas alturas las aficiones añadidas a su principal actividad o profesión, el humor gráfico. Me refiero a su labor como novelista, periodista, escritor de libretos de revistas, dibujos publicitarios, director de la revista Don José, guionista de cine, ensayista, etc., actividades todas que, en su conjunto realizadas con pasión e ingenio, le proporcionaron galardones tan curiosos como el de Alcalde Honorario del Parque del Retiro Madrileño o Cartero Honorario de España, además de ser nombrado miembro de la Real Academia Española y de la de Artes, Historia y Arqueología de Puerto Rico.

       No es fácil definir cuál ha sido y es el principal oficio u ocupación de Mingote, a no ser porque él mismo nos da la solución más acertada: "soy un soñador de chistes", que define el humor como la "actitud de no tener miedo a pensar", y de sus sueños y de sus pensamientos salen, brotan de forma mágica sus ‘ricos’, sus ‘políticos’, ‘sus médicos’, pero sobre todo sus ‘pobres’. Es decir la actualidad viva y rica de España.

       Creo que el humor de Mingote es algo inglés (como lo es su porte, mestizaje entre lo británico y lo castizo, casticismo del que se encuentra impregnado de tanto trasegar por el Retiro). Es algo inglés, porque los británicos desde la época isabelina, entienden el humor sólo como el buen humor, es decir la situación de júbilo que produce la observación de la vida desde el punto de vista subjetivo. Para los franceses, sin embargo, el mal-humor cohabita con el bueno y se encuentra en el confín opuesto, en íntimo trato con la consternación y la melancolía.

       Pero la principal hazaña de Mingote es haber dejado un legado al que necesariamente en el futuro habrá que recurrir para entender la época actual. Tras él queda una crónica de la existencia humana trazada con irónica profundidad, sin lisonja y, lo que es más difícil, con respeto y tolerancia. Tras él también una antología de viñetas donde supo tratar la universal empresa del saber y del trabajo del médico, desde el que ejerce la medicina rural hasta el que se mueve en los asépticos espacios de laboratorio. Y todo ello, obligándonos a esbozar una sonrisa, obligándonos siempre a contraer el músculo más implicado en ella: el risorio de Santorini, que también es nombre gracioso.
 


Mingote y los dermatólogos

Otros datos
Desarrollado:
Tandem Innova
www.tandeminnova.es