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Anteúltima página y la Gravedad Quántica de Lazos

Jesús Sánchez Izquierdo. Doctor en Física 21-05-11

La vida, como todos los elementos que la rodean son una función del tiempo, V=f(t). Eso me parece desde mi pragmatismo actual, quizás asociado a la corta perspectiva de futuro que marca mi edad.
Dejemos a un lado el desarrollo y extensión moderna de la  Teoría de la Relatividad General en la que trabajan muchos grupos de investigadores  desarrollando  teorías como La Gravedad Cuántica de Lazos que modifican los conceptos clásicos del espacio y tiempo, y dan  explicación a complejos fenómenos como  por ejemplo los agujeros negros, o el Big Bang.
Mentes excepcionales trabajan y se esfuerzan en buscar el origen y las leyes que rigen todos los fenómenos, entes, sistemas y  universos de los que percibimos su existencia.
Pero nunca, creo yo, que esas teorías  van a poder explicar el origen y el fin de todo. Detrás de alguna partícula que se pierde o de un agujero negro que se sale del modelo se esconderá el Misterio, la ley universal que buscan.
Y jamás llegaran a satisfacer las eternas y mas elementales  preguntas e inquietudes del ser humano de a pie. Del  99% de los mortales.

Soy más prosaico y quiero recrear en estas líneas los sentimientos y reflexiones  en esta  etapa final  de mi V= f(x) en la  que afloran resaltados mis errores, o que creo que lo fueron, mis vivencias de adolescente y de juventud, mi matrimonio según las “normas”, mis hijos también según los patrones mas clásicos
La propia vida, V; tiene muchos elementos que configuran su perfil y su valor. Algunos pueden ser parámetros fijos tal como los padres que tuviste, el lugar donde naciste, y muchos más asociados a aquel instante, a aquel suceso, a aquel lugar.
Y allí empezó  un camino corto, un destello, según mi percepción de hoy, que fue configurando mi vida, sin pensar mucho lo que hacia. Dejándome arrastrar por todas la circunstancias del momento.
Muchos de los caminos escogidos, creo hoy, fueron malos. No malos por maldad, sino que me condujeron a situaciones que hoy rechazo.

Pero… y si hubiera tomado  el “otro camino” en tantas bifurcaciones a las que llegué. Bifurcaciones al parecer intrascendentes pero que hubieran diseñado otra vida, otra mujer, otros hijos, otros amigos, otra cultura.

Es absurdo siquiera considerarlo. Todo es pasado y fue así, independiente  de cualquier teoría, de cualquier ley clásica o quántica para explicar el espacio y el tiempo.

Hoy si lo tengo claro (esto debí pensar en otras ocasiones), y quisiera seguir la senda escondida que siguió el sabio que es capaz de retirarse  y pasar su vida con pobre mesa y casa.

Quisiera pasar, romper, borrar todas las páginas. Todas menos en la que están mis hijos.
¿Será porque representan mi continuidad? ¿Y con ello satisfacer una pizca del  ansia de eternidad de nuestra especie y que es ofrecida por todos los predicadores?

Quiero pasar la anteúltima pagina de las ilusiones postreras, de los proyectos que siempre bullen en mi mente y que no tiene sentido ni siquiera empezar, en este espacio y tiempo clásico o quántico en el que creo que estoy.
Un rincón donde estar, que no pase frío (me da miedo el frío), un plato de lentejas... Pero sobre todo sentir una mano en mi hombro. Esa mano que da calor, confianza, acogimiento… en definitiva amor.

Y ahí esperar, paciente y sosegado, lejos del mundanal ajetreo a que el Misterio pase la última página.

Jesús Sánchez Izquierdo

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