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Tengo novio

Aurora Guerra

Publicado en Dermactual; nº 26: 23. Febrero 2013

Cada escritor tiene su método.

Los hay que escriben guiados de una inspiración voluptuosa, arbitraria, pasajera. Se entregan a su obra con un fervor de tan amplio espectro, que en su calendario inédito solo existen los días que han dedicado a la pasión de su creación. Otros, por el contrario, llenan sus cuartillas ordenadamente, hora a hora, remando con constancia en las arenas movedizas de la inercia, como si de un tedioso trabajo de funcionario se tratara.

De la esterilidad al deslumbramiento.

De la revelación súbita a la revisión permanente.

La prolífica novelista romántica nacida en Inglaterra y afincada en Canadá, Jo Beberley, es del primer tipo. Según sus propias palabras descubre los hechos que relata a la vez que van sucediendo. Sin embargo, el español premio Nobel de Literatura Camilo José Cela confesaba que todos los días se sentaba delante del papel con disciplina y tesón, tuviese o no tuviese algo que escribir. Aunque el esfuerzo y la perseverancia no alcanzasen mas allá del primer renglón de la conciencia vacía.

Estos diferentes estilos de autor también se cumplen a la hora de apostar por un título. Unas veces se elige de entrada, apenas engendrada la idea, y se sigue ineludiblemente como a un mapa que marca la trayectoria al único destino. Otras veces, una vez grabada la palabra “fin”, se dedica un tiempo a pensar que nombre pondremos a éste nuevo hijo ya nacido.

Bien es verdad que en este asunto del título la cosa se complica. No es suficiente encontrar una palabra o frase que permita intuir el contenido. Es necesario además que ese rótulo que ha de presidir la portada sea atractivo, sugerente, llamativo. Tiene que convertirse en un reclamo que invite a la lectura, que induzca a adentrarse en el interior de la trama y avanzar hasta descubrir su sentido. Algo así como un chispazo contagioso.

¡Cuantas veces compramos una novela o vamos a ver una obra de teatro sólo por el título! Y… ¿cuántas veces acertamos? No muchas. Sin embargo el autor acierta si es que consigue que leamos su escrito o que veamos su función.

Por eso hoy, buscando ese destello cegador, yo he elegido un titulo que se me ha antojado provocador: tengo novio.

Ha sido una ocurrencia irreflexiva, un arrebato. Pero si usted ha llegado hasta este renglón, he alcanzado lo que pretendía.

Por cierto, no tengo novio. Pero eso, ahora, ya no es importante.

¿No creen?

Pues eso.

Alejandro González Guerra y Sofía Hombrebueno González-Guerra

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