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Como un camarero (Anécdotas en Dermatología)



Aurora Guerra Tapia

El hombre era pudoroso.
Y además tenía una erupción pruriginosa diseminada.
Así que aunque le costase superar la timidez, debía descubrirse para explorarle
y hacerle fotos.
-Pero de esta manera, sin nada... –gimió asustado.
-No se preocupe. En esta vida, casi todo tiene remedio.
Aquel dermatólogo de edad avanzada, prudente, cariñoso y responsable, le
tendió una sabanita de inmaculada blancura y cuidadosamente planchada.
-Tome. Pase detrás del biombo. Se desnuda y se pone el paño como si fuese
un camarero – y a la vez que lo decía, hizo un gesto circular con la mano
señalando la cintura, sobre la que debía reposar, a modo de mandil, aquel paño
protector. Así se evitaría la sensación de desamparo que produce el no tener
nada sobre el cuerpo, mostrando las partes más íntimas.
El paciente cogió la sabanilla. El médico anotaba en la historia clínica,
enfrascado en sus reflexiones. Unos minutos después el hombre asomó desde
detrás del biombo.
-Ya estoy- dijo sonriente con la expresión feliz del que ha llegado a la meta
con éxito.
El médico levantó la vista del papel y escudriñó la escena por encima de las
gafas.
Y los ojos del galeno soltaron una carcajada, mientras la boca – mejor actriz
que la mirada- permanecía seria y circunspecta.
Y no era para menos.
La figura mostraba un varón completamente desnudo, erguido, casi
exhibicionista, y sobre el antebrazo derecho, cuidadosamente doblada, la
sabanilla, que solamente cubría, como es obvio, el tramo entre la muñeca y el
codo.
Pero el asunto estaba salvado. Ya tenía algo sobre el cuerpo.
Como un camarero.
Y es que hay muchos modelos...

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