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Retrato de un dermatólogo

RETRATO DE UN DERMATÓLOGO

 

Rocío Segura Rodríguez

Veterinaria.

 

(…) Cuando vinieron a buscar a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.

 

Martin Niemöller

 

Pudiera parecer que he elegido este cuadro con toda la intención. Y es cierto que intención ha habido, pero no tanta como la que descubro al leer la información que sobre él encuentro en la página web del Museo Thysen-Boremisza.

 

Pues sí, por un día abandono el museo del Prado y dirijo mis pasos unos cuantos metros más allá, al museo Thyssen, para contemplar esta obra maravillosa por el gesto, por su misterio, por su época, por lo que no muestra: Retrato de Dr. Haustein (1928), médico dermatólgo-venereólogo alemán, y lo que tal vez debería ser menos importante, judío.

 

Este cuadro sobrecoge. La mirada tranquila y serena del protagonista se oscurece con una sombra rara, algo tenebrosa, tétrica, parecida a la del conde Orlok de la película Nosferatu de Murnau (1922) y, quién sabe, puede que ese famoso fotograma influyera de alguna manera en Christian Schad a la hora de realizar este retrato.

 

El miedo se palpa en el lienzo, no en el Dr. Haustein. Se palpa, en la sombra, en lo que la sombra anuncia y que más tarde se haría realidad, la muerte.

 

Contemplo su rostro y me olvido de todo lo que le rodea. Su rostro me ofrece confianza, serenidad, seguridad, todo aquello que los pacientes buscamos cuando temerosos nos acercamos a un médico pidiendo, a veces exigiendo, la solución a aquello que nos aqueja. Realmente parece un buen médico. Y sólo él, sin lo demás nos dice mucho de su carácter.

 

Dicen de  Schad que fue el artista menos político del movimiento de la Nueva Objetividad. Sin embargo en este cuadro Schad fue también tremendamente político, tal vez sin quererlo, sin llegar a ser consciente de todo lo que esa sombra presagiaba no sólo sobre el dr. Haustein, sino también sobre toda Alemania.

 

También dicen de él que fue el artista que “más carga psicológica aplicó a sus obras” (Maestros Modernos de la Colección Thyssen-Bornemisza). La piel y la mente. La piel representada por un dermatólogo, y la piel del lienzo que dibuja su lesión, su patología, en la sombra: lesión de un mal que iba arraigando en una sociedad cada vez más enferma.

 

Es posible que lo menos importante sea saber de quién es esa sombra - de hecho se sabe; una modelo profesional amante del dr. Haustein- Lo más importante es la sensación de intranquilidad que crea alrededor del retratado, el miedo que imprime al cuadro.

 

El lienzo es la piel donde se plasma una realidad, soñada o vivida. Es la piel que nos habla de un momento, una persona, un paisaje, un sueño. Y como tal la piel del lienzo nos habla de la salud y de la enfermedad, unas veces de manera directa, otras como una sospecha, como una sombra.

 

Y este cuadro, este lienzo no nos habla de sífilis (el dr. Haustein era un reconocido venereólogo) ni de los terribles efectos que sobre el cuerpo tiene. Tampoco nos habla de sarna, ni de lepra, ni de ninguna otra enfermedad visible por su impresión sobre la piel del enfermo. Nos habla de esos otros efectos que sobre la mente tienen ciertas enfermedades, en este caso, sobre las mentes de una sociedad enferma.

 

El dr. Haustein se suicidó años después de que se le realizara este retrato cuando supo que la Gestapo iba a detenerlo.

 

Enlace a la obra:   http://www.museothyssen.org/thyssen/zoom_obra/626

 

 

27 de septiembre de 2010

 

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