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Mujer y Deporte

 

Mujer y deporte, asignatura con mejores notas
 
Angeles Jiménez
Campeona de España Universitaria de Tenis en 1978 y 79. Campeona Absoluta de Madrid y de Veteranas de España de Squash en 1998 y 99.

Aurora Guerra y Ángeles Jiménez, iniciando una carrera.

 

La sociedad ha desaprobado tradicionalmente la participación de las mujeres en la actividad física. El binomio Mujer-Deporte ha estado marcado históricamente por el de Mujer-Sociedad. Mitos clásicos como “la actividad física masculiniza a la mujer” o “la práctica deportiva es peligrosa para la salud de la mujer” han primado a lo largo de la historia, condicionando gravemente el acercamiento de la mujer a las actividades deportivas. Como anécdota, comentaré que en un curso del antiguo bachiller, y a pesar de ser ese mismo año campeona de Madrid cadete de tenis y participar en el equipo de atletismo del colegio, me suspendieron la gimnasia, en represalia por no querer jugar al tenis de mesa también. Cosas de monjas.
La primera maratón olímpica femenina se disputó en los Juegos de Los Angeles, apenas en 1984. Para quienes entran ahora en la treintena o menos seguramente se puede hacer difícil entender que sea tan reciente y más de una pensará: “¡Ah! Pero, si eso es cosa de toda la vida, ¿no?”. Pues, no. La prohibición de disputar carreras de más de 800 m. se levantó en los años 60 y la del maratón en concreto en 1970; así, hemos tenido la suerte de conocer a Marta Domínguez, Paula Radcliffe o Tirunesh Dibaba y admirar su excepcional capacidad para el esfuerzo.
Está demostrado que en condiciones similares las mujeres responden al entrenamiento físico de la misma manera que los hombres. Pero partimos, como en otras muchas facetas, de condiciones anatómicas y fisiológicas diferentes, que conviene tener en cuenta a la hora de perfilar una buena capacidad física:
a)    La mujer tiene un peso óseo inferior al del hombre, un mayor porcentaje graso (20-25% frente a 12-16% del hombre) y menor masa magra (libre de grasa) (20-25% frente a 35-40% del varón). El peso graso reduce la motricidad y aumenta el esfuerzo. La mujer tiene una distribución mayor de grasa en glúteos, mamas, caderas y parte superior de los muslos. Los estrógenos son los responsables de estas diferencias así como de un crecimiento óseo y una terminación del desarrollo más temprano.
b)    El menor tamaño del corazón y de los pulmones en la mujer (25%) condiciona otras limitaciones: menor cantidad de sangre (4,5 l. por 5,5 l. en el hombre) y volumen sistólico (sangre expulsada por el corazón,) que inducen una frecuencia cardiaca mayor; inferior concentración de glóbulos rojos y de hemoglobina (15%), que implica un menor transporte de oxígeno; la diferencia de tamaño pulmonar hace que, para mantener la ventilación, la mujer deba aumentar la frecuencia respiratoria.
c)    La mujer tiene menor eficacia mecánica, por su mayor anchura pélvica, pero más estabilidad, al tener aproximadamente un 6% más bajo el centro de gravedad.
d)    La mujer tiene más flexibilidad (10%), movilidad articular y laxitud ligamentosa; posee más habilidad para el aprendizaje motor, coordinación y ejecución técnica de los movimientos, menor propensión a las lesiones; su velocidad de reacción y frecuencia de movimientos es similar a la del hombre pero con menor velocidad de traslación.
e)    La piel ayuda a mantener la temperatura corporal permitiendo el intercambio de calor entre el cuerpo y el medio ambiente. Aunque por distintas razones, hombre y mujer presentan igual tolerancia al calor y al frío en ejercicio para una intensidad relativa semejante. La mujer tiene generalmente ritmos de sudoración más bajos pero esto no afecta a la capacidad de tolerancia al calor. Por otra parte, el hecho de tener más grasa subcutánea le daría ventaja frente al frío si el hecho de tener menor masa muscular no incidiera en la capacidad de generar temblor, que es la principal adaptación para generar calor corporal.
Es un hecho evidente que la mujer se acerca cada día más a actividades físicas planificadas y mantenidas y que cada vez importan menos los condicionantes sociales, profesionales, familiares o fisiológicos. Como en otras muchas áreas, el primer condicionante es el convencimiento de lo adecuado de la práctica de algún tipo de deporte, idea que en general parece estar presente a cualquier edad. Y que tiemblen algunos, constancia no es lo que nos falta.
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