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Protección solar: ¿Sirven las pastillas?

Por Aurora Guerra

Los riesgos de la radiación ultravioleta imponen una fotoprotección tópica adecuada a cada tipo de piel. Pero no siempre se lleva a efecto con la frecuencia y las condiciones necesarias. Las pastillas podrían ser una solución, si se consigue demostrar su eficacia antisolar.


Los riesgos del sol


En éste momento en que la información es fácil ninguna mujer puede dudar de la necesidad de protegerse de la radiación utravioleta. Si el cáncer no nos asusta, aunque debería, si lo puede conseguir el riesgo de un envejecimiento prematuro.
Y no estoy exagerando: según las recientes estadísticas de los Centers for Disease Control and Prevention estadounidenses más de un millón de nuevos casos de cáncer de piel aparecen cada año. Por ejemplo, en el 2004, el más cercano con datos disponibles, se han diagnosticado 60.000 melanomas y 9.800 individuos murieron a consecuencia de esta enfermedad.
De todos los factores conocidos que influyen en su aparición el más importante y casi hoy por hoy el único controlable, es el sol. La destrucción de la capa de ozono y el cambio de estilo de vida hace que sus efectos deletéreos sean cada vez más llamativos.
Los rayos ultravioleta dañan directamente al ADN de las células, material genético fundamental para la transmisión de la vida. Pero además produce radicales libres que lesionan al núcleo, a las proteínas y a las membranas celulares, llevándolas al envejecimiento a través de un estrés oxidativo difícil de controlar. Y todavía más: la vigilancia inmunológica de la piel, mediada por las células de Langerhans epidérmicas, disminuye abriendo la puerta a las infecciones y los tumores. Las arrugas, las manchas oscuras y blancas, los vasos dilatados y la flaccidez son la muestra del envejecimiento que precede a daños  mayores.

 


La solución existe


Y a todo esto, ¿le podemos poner remedio?
Obviamente si. Conocemos las recomendaciones de la ciencia médica: evitar las radiaciones entre las 12 y las 16 horas, usar ropa adecuada, y aplicarse las cremas antisolares. El rito de esta liturgia consiste en utilizar un factor de protección por encima de 30, veinte minutos antes de la exposición, en cantidad como para cubrir toda la superficie cutánea expuesta con 2mg por cm2. Aún así nos quedarán dudas de sí con estas medidas, además de evitar la quemadura, conseguimos eliminar el envejecimiento, la inmunosupresión y la temida mutación que inactiva los genes de supresión tumoral p53 y p16 que  impiden el descontrol del ciclo celular que lleva al cáncer. ¿Complejo? Evidentemente si.

 


Un nuevo concepto: fotoprotección oral


En la búsqueda de nuevas alternativas toman relevancia en los últimos tiempos los fotoprotectores orales: sustancias naturales con capacidad fotoprotectora y antioxidante.
En la universidad de Harvard se han llevado a cabo las principales investigaciones acerca del Polypodium leukotomos, un extracto vegetal que previene el eritema y contrarresta los radicales libres inducidos por el sol. Los experimentos en el ratón Hairless, una variedad de roedor carente de pelo y con características cutáneas similares a las humanas, han demostrado una disminución del fotoenvejecimiento tanto a simple vista como en el microscopio. Un trabajo publicado recientemente en el Journal of Americam Academy of Dermatology aporta datos sobre voluntarios humanos con fototipo II y III, esto es, con respuesta intermedia ante el riesgo de quemadura y el efecto de bronceado, sometidos radiación ultravioleta potenciada por la acción de psoralenos estimulantes (PUVA). Con el P. leukotomus las llamadas “células de quemadura” que evidencian muerte celular o apoptosis por la radiación disminuyeron, mientras que se mantuvo el número de células de Langerhans, imprescindibles en la vigilancia inmunológica.
Los betacarotenos obtenidos sobre todo de las hortalizas de color anaranjado, a dosis de 120 a 180 mg/día han evidenciado una menor fotosensibilidad en pacientes con intolerancia solar (porfiria eritropoyética) y una menor incidencia de carcinoma espinocelular.
Las vitaminas C y E reducen el daño al ADN y la inmunosupresión, al igual que los polifenoles del te verde o negro, que inhiben las prostaglandinas, sustancias mediadoras de la inflamación y el eritema solar.

 


¿Mejor que las cremas?


La evidencia científica todavía no permite afirmaciones concluyentes. Lo más oportuno es la combinación de ambos métodos, orales y tópicos, para conseguir el máximo de eficacia. En cualquier caso, cualquier medida parcial será mejor que ninguna. Ya se sabe: lo perfecto es enemigo de lo bueno.
 

 

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