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Urticaria y prurito

       AURORA GUERRA

       La urticaria y el prurito forman parte de las patologías cutáneas más prevalentes y con mayor repercusión clínica, psicológica, en la calidad de vida relacionada con la salud, y subsecuentemente, en el gasto sanitario directo e indirecto. Podríamos decir sin equivocarnos que constituyen un auténtico problema de salud pública.

       Es sabido que uno de cada cuatro individuos de la población total sufre de urticaria una vez en su vida. El pico de mayor incidencia se observa entre los 20 y 40 años, por lo que es la población trabajadora la más afectada, con la repercusión laboral que ello representa. La mayoría de los pacientes que sufren de urticaria crónica, la padecen durante más de un año, y un número considerable de pacientes mantienen la enfermedad durante más de cinco. Las lesiones cutáneas y el prurito acompañante afectan a una amplia gama de actividades diarias, que van desde el cuidado personal hasta el sueño y el descanso, pasando por el rendimiento laboral y las relaciones sociales interpersonales. Este alto grado de afectación se mantiene también al realizar la comparación con otros procesos cutáneos. El efecto deletéreo de la urticaria crónica espontánea en la calidad de vida es mayor que el de la mayoría de enfermedades de la piel y similar a la de la enfermedad coronaria grave. El frecuente fracaso para identificar una causa específica subyacente, el curso impredecible de los síntomas y una alta carga de morbilidad conducen a la frustración de los pacientes y sus médicos.
 
       El prurito crónico tiene un impacto sustancial en la calidad de vida de los pacientes que puede ser comparable al del dolor crónico. El hecho de que sea un síntoma, exige investigar el origen y hacer un tratamiento etiológico siempre que sea posible. Sin embargo, en una gran número de casos no se alcanza el conocimiento de la causa y las terapias son decepcionantes. Desde un punto de vista social, origina una disminución de la productividad en el trabajo y del rendimiento en las aulas de los individuos que lo padecen. A menudo se acompaña de depresión, ansiedad, e incluso trastornos obsesivo-compulsivos.
 

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