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Dismorfobia: mucho más que un defecto

  Elena González Guerra,
Médico Adjunto de Dermatología, Hospital Infanta Cristina. Madrid.

 



 

 

Aurora Guerra Tapia,
Coordinadora del Grupo de Trabajo de Dermatología Psiquiátrica de la AEDV.
 

La preocupación por una anormalidad física real o imaginaria puede convertirse en el centro de la vida deteriorando las relaciones personales, sociales y laborales.

¿Qué es la dismorfofobia?

Se define como una preocupación excesiva por un defecto corporal inexistente o de escasa entidad. Es un padecimiento psiquiátrico que se clasifica dentro de los trastornos de la imagen corporal. En esta enfermedad, mucho más frecuente de lo que parece, los pacientes concentran su atención en un defecto físico o característica de su cuerpo levemente irregular, a la que dan una importancia extraordinaria. A veces incluso el defecto no existe y es solo un juego de su imaginación.

La mayor parte de las veces el objeto de preocupación se sitúa en la cara, como por ejemplo, el hecho de tener rasgos faciales asimétricos. Una ceja más alta que otra, o un lado de la cara más abultado, unos dientes salientes, o una nariz aguileña pueden convertirse en facciones monstruosas en la percepción del sujeto. Las manchas de la cara, la delgadez del cabello, las orejas grandes o salientes, o la sensación de que se emite un olor desagradable, agigantan su valor ante el paciente, que no piensa en otra cosa que en corregir o esconder su “terrible defecto”.


La imagen corporal

Es la representación del propio cuerpo que cada persona construye en su mente. Una cosa es la apariencia física real y otra la imagen corporal que el individuo crea. Hay personas que se alejan de canon de belleza actual, y sin embargo se sienten bien con su imagen corporal. Lo mismo puede ocurrir al contrario: personas muy bellas que no se reconocen como tales.
La imagen corporal depende de cómo se percibe el sujeto, y eso puede acompañarse de actitudes de disgusto, rabia, sentimientos de injusticia, de satisfacción, de dolor, de rechazo, etc, llevando a comportamientos anormales en relación con esos sentimientos. Desde la exhibición en el caso de una imagen corporal de alta autoestima hasta la evitación en los casos de desprecio de su aspecto, todo es posible.
La imagen corporal continúa construyéndose a lo largo de la vida, adaptándose a los cambios como son la pubertad, el embarazo, la menopausia y la vejez.

Porqué aparece

Existen en una serie de factores predisponentes que pueden influir en su aparición.
• Timidez, perfeccionismo.
• Traumas infantiles debidos a burlas sobre su aspecto físico.
• Estigmas cutáneos en la adolescencia, como acné, estrías u obesidad.
• Abusos sexuales en la infancia o adolescencia.
• Mayor respuesta emocional frente a individuos atractivos.


Las más predispuestas

Suelen ser mujeres en su mayoría. Se calcula que padecen esta alteración un 4% de mujeres y un 1% de hombres, aunque en la mayoría de los casos, no están diagnosticados. Suele iniciarse en la adolescencia, cuando los cambios corporales son más intensos. Entonces, “descubren” aquello que no les gusta, que no desean, y empieza la lucha contra esa parte de su ser que no reconocen. Pero también los adultos, e incluso los ancianos pueden llegar a tener rasgos de dismorfofobia. En ocasiones, las personas muy hipocondríacas pueden llegar a padecer esta enfermedad. Un ejemplo es cuando se empeñan en creer que tienen un bulto en algún lugar del cuerpo, que nadie encuentra.

Cómo lo viven

Invierten horas en intentar disimular aquello que les preocupa. Suelen hacerse peinados imposibles, llevar siempre la cabeza agachada para que no les vean la cara, caminar por la sombra para que no resalte su figura, utilizar perfumes y desodorantes con profusión para evitar un mal olor inapreciable…. Su comportamiento se acerca al de un individuo obsesivo que precisa cumplir una serie de ritos repetidos, en este caso para ocultar ante la sociedad su alteración física existente o imaginaria. Estos comportamientos le hacen disminuir su rendimiento escolar, llegar tarde al trabajo o rechazar citas de amigos o compañeros, convirtiéndose con facilidad en seres huraños.
El dermatólogo es el médico más consultado por estos pacientes. Un 46% de ellos acuden a consultas, y un 38% reciben tratamiento de estos especialistas.
Es muy frecuente también que consulten a cirujanos plásticos, incluso que se sometan a intervenciones más o menos complicadas. Sin embargo, dado que su percepción de la realidad es incorrecta, raramente encuentran alivio.

Consecuencias psicológicas

La depresión, la pobre autoestima, la ansiedad, disminución del deseo sexual, conducta alimentaria alterada, comportamientos obsesivos son las alteraciones comunes. Las ideas de suicidio no son raras.
Algunas veces la dismorfofobia aboca a la anorexia nerviosa o a la vigorexia, consideradas formas especiales de dismorfofobia.

Anorexia nerviosa

Esa anormal manera de verse, es lo que les ocurre igualmente a las personas que sufren de anorexia nerviosa, ya que existe una distorsión de la imagen corporal. Se ven diferentes de cómo son. El reflejo del espejo les devuelve a sus ojos una silueta redonda, cuando en realidad esta llena de ángulos por su extrema delgadez.
En la anorexia, además de tener en su imaginación una imagen corporal que no corresponde con la realidad, existen otras muchas alteraciones que complican el tratamiento. El 90% de los casos son mujeres.

Vigorexia

En este caso suelen ser los varones los afectados. Su preocupación se centra en obtener un cuerpo hipermusculado, pasando horas en el gimnasio, consumiendo anabolizantes, pesarse continuamente, y llevando dietas especiales.


Diagnóstico

Los síntomas de sospecha se deben confirmar con herramientas de evaluación objetivas, como son los cuestionarios y escalas del tipo de “Cuestionario de evitación de la imagen corporal”, “Escala de síntomas del trastorno dismórfico”, “Body dysmorphic disorder examination” o “Appearance schemas inventory”.


El tratamiento farmacológico

Cuando se sospecha que un adolescente o un adulto presenta síntomas de dismorfofobia es necesario poner tratamiento. Al igual que en los trastornos obsesivos, la medicación antidepresiva, especialmente la clorimipramina y los inhibidores de la captación de serotonina como la fluosetina, sertralina o parosetina son los más usados. No es suficiente explicar a los pacientes que “no tienen ese defecto” porque ellos lo ven claramente. Es un trastorno psiquiátrico y como tal precisa medicación específica.

El tratamiento psicológico

Hay que entrenar y recrear una nueva percepción del cuerpo. Para ello es preciso diseñar experiencias positivas de placer con el cuerpo, aprender a exponer las partes “culpables” y a recibir experiencias de aceptación. Es un trabajo largo en que la conducta y la apreciación del cuerpo deben aprenderse de nuevo.


3 síntomas de sospecha de dismorfofobia

1. Físicos: sudor, temblor, dificultad en la respiración cuando van a ser observados.
2. De conducta: evitación, camuflaje, rituales de comprobación de que todo está bien disimulado, dietas, ejercicio estricto.
3. Sentimentales: preocupación intensa sobre el cuerpo, con creencias irracionales sobre su aspecto.
4. Demandantes: nunca están conformes con los tratamientos o técnicas quirúrgicas con las que pretenden mejorar su aspecto.

A menudo, dicen frases como estas:

• La gente atractiva, lo tiene todo.
• La apariencia física dice como es uno interiormente.
• Si pudiera cambiarme como deseo, mi vida sería mucho mejor.
• Si controlo mi aspecto, podré controlar mi vida.
• Si la gente supiera como soy realmente, me rechazaría.


Una reflexión final

El ideal estético que propone la sociedad actual es difícilmente alcanzable. La importancia que se da a la apariencia física debe ser mesurada para evitar consecuencias psicológicas adversas. Los valores morales y la aceptación de uno mismo son la salvaguarda de una adecuada salud mental.
 

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