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La relación entre la mente y la piel

Por Aurora Guerra

Pero… ¿estamos sanos mentalmente?


Las tasas de prevalencia de las enfermedades mentales en la población general, esto es, la cantidad de individuos que padecen algún tipo de trastorno mental, es alta. 
Estudios epidemiológicos realizados en Estados Unidos demuestras que casi el 32 % de las mujeres y del 28% de los hombres sufren alteraciones mentales. Los trabajos de investigación españoles, aunque muestran cifras algo menores, también son impactantes: 24% y 16% para mujeres y hombres respectivamente. Teniendo en cuenta las variables demográficas, culturales, económicas, de sexo, y otras, se acepta por la comunidad científica que la prevalencia general de los trastornos mentales se encuentra entre el 10 y el 30% de todos los individuos. Por tanto, depresiones, ansiedad, esquizofrenia, adicción a sustancias, deterioro cognitivo y otras alteraciones psíquicas forman parte de la historia individual de muchas personas.

¿Solo se altera la mente? 


En la mayoría de los casos, los individuos con conflictos psíquicos tienen también síntomas en otros órganos. No es raro que la ansiedad produzca palpitaciones o la depresión dolores musculares. De todos los lugares donde pueden aparecer somatizaciones (así se llama el reflejo sobre el cuerpo de problemas mentales) la piel es el terreno que se elige con mas frecuencia.


¿Por qué la piel?


La piel es una parte del cuerpo visible, fácilmente accesible. Esto hace que la mente aumente su atención sobre el tegumento, proyectando sobre él, como en un espejo, los síntomas psíquicos. Incluso en salud, la piel refleja las emociones básicas. Por ejemplo con el miedo se erizan los pelos. Con la furia aparece palidez. La tensión o el pudor llevan a un aumento de sudor o a la aparición de rubor. Incluso un estado de nervios lleva a la existencia de picor en las zonas más sensibles como puede ser la nariz, los ojos o los genitales.


¿Cómo se relaciona la mente y la piel cuando enferma la mente?


Existen diferentes formas. Por ejemplo, algunas personas se autolesionan la piel de forma inconsciente, provocándose heridas o úlceras. Es lo que se llama dermatitis artefacta, facticia o pathomimia. Otras veces tiene alucinaciones o ilusiones que les hacen creer que tienen parásitos en la piel. Son enfermos con esquizofrenia, con ideas delirantes en el seno de una depresión, o adictos a drogas, fundamentalmente. La alteración de la imagen corporal que subyace en la anorexia, la bulimia o la tanorexia, lleva a alopecias, y piel seca por la mala nutrición, o incluso a la aparición de tumores cutáneos por la toma excesiva de sol o radiación ultravioleta en cámaras artificiales. Los trastornos compulsivos como la tricotilomanía impulsan al paciente a arrancarse el pelo.


¿Cómo se relaciona la mente y la piel cuando enferma la piel?


El padecimiento de una enfermedad crónica de la piel como es la psoriasis, la dermatitis, el vitíligo o la alopecia, entre otras. aumenta la vulnerabilidad del individuo y puede acompañarse de depresión, baja autoestima, trastornos sociales e incluso suicidio. Como ejemplo, se sabe que los pacientes externos o ambulantes dermatológicos tienen un 20 % mas alteraciones psíquicas que la población general; que los pacientes dermatológicos ingresados tienen entre un 20 y un 30% más alteraciones psíquicas que el resto de los pacientes ingresados; que el resultado de la terapia de al menos un tercio de los pacientes que acuden a los departamentos de Dermatología depende en gran medida del tratamiento de los factores emocionales; que las alteraciones cutáneas inestéticas que aparecen en la pubertad pueden inducir personalidades introspectivas y solitarias, o por el contrario, agresivas y antisociales, y que las alteraciones cutáneas inestéticas que aparecen en la edad media de la vida, suelen producir ansiedad, inseguridad, depresión e insomnio, con su consiguiente efecto negativo sobre la vida escolar, social, laboral, familiar y sexual.


¿Se pueden prevenir las alteraciones de la piel y la mente?


La salud mental tiene que ver con el estilo de vida, con la alimentación, con la vivienda, con el trabajo, y de forma fundamental, con la manera en que se afrontan los problemas y conflictos que conllevan el hecho de existir. Por eso, en las relaciones entre la mente y la piel, no se pueden pasar por alto los factores emocionales y las relaciones entre ambos. Sabemos por ejemplo, que un antidepresivo como el litio puede estimular brotes de psoriasis y acné en algunos individuos, o que la isotretinoína usada en el acné puede llevar a la depresión, o que el acetato de ciproterona, útil en los procesos de androgenización, promueve una disminución de la libido. El conocimiento del médico de todas estas relaciones y la comunicación intensa con el paciente, ayudándole a la comprensión de su problema, junto con el tratamiento médico adecuado, es el método más apropiado para llevar a la curación y a la prevención en lo posible de estas enfermedades de dos caras, que miran hacia el interior (la mente) y el exterior (la piel).
 

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